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| Jesús Cintora, Javier Ruiz, Adela González, Silvia Intxaurrondo, Marta Flich y Gonzalo Miró, principales rostros de TVE |
La televisión pública debería ser un santuario de neutralidad, un foro donde la pluralidad sea sagrada. Sin embargo, bajo el gobierno de Pedro Sánchez, RTVE se ha transformado en la piedra angular de una estrategia orwelliana: el control del relato mediante lo que podríamos denominar "fichajes ideológicos" y una producción costosísima destinada no a informar, sino a entretener y adoctrinar
En enero de 2026, el Consejo de Informativos de TVE –un órgano interno elegido por los trabajadores– publicó un informe demoledor de 144 páginas tras una investigación de meses. Fue motivado por más de un centenar de quejas de profesionales de los servicios informativos de la corporación. Sus conclusiones no dejan lugar a dudas:
· Sesgo sistemático: El informe concluye que es "habitual" que los temas y su tratamiento den "un contenido sesgado, en el que abundan los argumentos favorables al Gobierno o al PSOE". Al mismo tiempo, se tratan "de forma discreta o no se tratan aquellos temas que pueden poner en un aprieto al Ejecutivo".
· Confusión deliberada entre información y opinión: Se critica que en estos programas "la opinión está unida a la información", dificultando su diferenciación y violando un principio básico del periodismo en un medio público.
· Moderación parcial y lenguaje agresivo: Los presentadores, Javier Ruiz y Jesús Cintora, "adolecen de sesgo" y no actúan como moderadores neutrales. El informe señala que favorecen a los tertulianos afines, les conceden más tiempo y, en ocasiones, se unen a sus tesis "interrumpiendo de forma abrupta y grosera" a quienes opinan lo contrario. También se denuncia el uso de "lenguaje agresivo" y descalificaciones frecuentes por parte de algunos colaboradores.
El informe destapa la ingeniería que permite este sesgo: la externalización de la información a productoras privadas. Estos programas son producidos por empresas externas como La Cometa, Big Bang Media y LaOsa Producciones. El Consejo de Informativos alerta de que "la responsabilidad editorial es opaca" y, lo que es más grave, que "las decisiones fundamentales las toma gente ajena a RTVE".
Este modelo crea un cortocircuito en la cadena de control público. Permite que la dirección de RTVE delegue la línea editorial en terceros, evadiendo así su responsabilidad y los mecanismos de supervisión interna. De hecho, el informe lamenta la "falta de respuestas de la Dirección" a sus preguntas durante la investigación.
Los casos de 'Mañaneros 360' y 'Malas Lenguas' no son anomalías, representan la institucionalización de la propaganda a través de un mecanismo sofisticado:
1. Se externaliza la producción a empresas privadas, creando un velo de opacidad sobre el control editorial.
2. Estas productoras elaboran contenidos con un sesgo político documentado y sistemático a favor del Gobierno.
3. Cuando los órganos de control interno denuncian estas prácticas, la dirección de RTVE y sus beneficiarios descargan contra los denunciantes, buscando desacreditar la crítica en lugar de enmendar los hechos.
Este episodio confirma que la batalla por RTVE no es solo por los fichajes estelares, sino por el alma misma del servicio público: la información veraz, el pluralismo y la rendición de cuentas. El silencio, o el ataque, frente a este informe interno es tan revelador como el sesgo que denuncia. Demuestra que, para quienes hoy controlan la corporación, la "relevancia cultural" y la sintonía con el poder prevalecen sobre el rigor periodístico y el interés general.






