lunes, 29 de diciembre de 2025

Trump, Riad y la Europa en liquidación: ¿aliado… o subastador?

 

Foto: Jeff Kravitz (FilmMagic/Getty Images

Europa lleva años creyéndose sujeto histórico, pero se comporta como si fuera inventario. No negocia el tablero: ocupa una casilla. La pregunta es simple: ¿quién se adueña de ella cuando Estados Unidos decide que ya no compensa sostener el viejo continente a precio de protector?

Con Trump (pero no sólo con Trump), la brújula es brutalmente clara: geopolítica como negocio. Seguridad, energía, tecnologías críticas, incluso guerras: todo se mide en retornos. Y en ese mundo de balances y cheques, Arabia Saudí aparece no como “aliado incómodo”, sino como banco central de la nueva realpolitik.

Europa, envejecida, desindustrializada y dependiente, es —para ese modelo— un activo fatigado. Una franquicia premium a la que todavía se le puede exprimir renta turística, capital inmobiliario, talento técnico… pero cuyo núcleo estratégico está agotado. ¿La tentación? venderla a precio de saldo, transferir influencia real —energética, financiera, cultural— hacia el Golfo, mientras Washington se concentra en su competición decisiva: China.

Trump no odia Europa. Tampoco la admira. La tasa. Si pagas, existes. Si no, eres carga.

En ese esquema, un acuerdo tácito parece dibujarse: Washington provee paraguas militar cada vez más condicionado. Riad compra activos, clubs, ciudades, infraestructuras, voluntades. Las élites europeas gestionan el descenso con discursos vacíos sobre “valores”.

Resultado: emergen unos “Estados Unidos de los ricos europeos… en Riad”: capitales, ejecutivos, tecnócratas y celebrities viviendo entre desiertos climatizados, megaciudades inteligentes y zonas francas de lujo; mientras el resto de Europa se convierte en parque temático barato para jubilados y turismo masivo.

¿Exageración? Quizá. Pero los vectores ya están ahí: deslocalización industrial, dependencia energética crónica, venta de activos estratégicos, captura cultural por dinero del Golfo, y una política europea que finge autonomía mientras negocia desde la necesidad.

Entonces, ¿Trump es aliado?

Es aliado del que paga, del que acepta la subordinación como contrato mercantil. Para el ciudadano europeo medio —el que trabaja, paga impuestos y todavía cree en la promesa de ciudadanía—, Trump no es aliado; es subastador. Y peor aún: ilumina la cobardía de nuestros propios gobernantes, felices de entregar trozos de soberanía con tal de conservar sillones.

La verdadera tragedia no sería que Washington “nos venda”. La tragedia es que Europa ya se ha puesto el precio.

Hasta que no asumamos que la política sin proyecto termina convertida en mercancía, seguiremos discutiendo si Trump es bueno o malo… en lugar de preguntarnos por qué Europa ha dejado de ser un actor y se comporta como un lote. 🇺🇸🇪🇺🇸🇦

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